Las elecciones
son un proceso en el que el ciudadano debería votar libremente y en secreto a
partir de su investigación y análisis crítico sobre los candidatos, partidos,
ideologías e historia. Paradójicamente, los medios han convertido la democracia
en espectáculo; a los partidos en religión de fanáticos, a los candidatos
en buenos y malos.
En TV poco se
habla de las ideas, se censura la crítica inteligente y constructiva; los
debates se simplifican a circos en los que las preguntas no son específicas, y
dan latitud para divagar en ataques personales, repetir slogans, dramatizar,
exagerar, prometer cualquier cosa a cambio de votos. Ya pocos creen y muchos
sentimos el vacío de la democracia.
Los utopistas
no somos los que creemos que el cambio verdadero es un cambio de sistema, sino
los que creen literalmente que el cambio verdadero se puede dar dentro del
neoliberalismo. El problema con el concepto de cambio verdadero de la izquierda Mexicana; es que no incluye una
crítica al sistema mismo, sino se limita a la corrupción, la impunidad, la
evasión de impuestos, la fuga de capitales, etcétera.
Pero para que
el cambio verdadero sea real se debe reconocer que los problemas no son políticos
sino sociales, que la cultura es una posible y peligrosa enemiga del estado, puesto
puede cambiar el status quo. Y que la ignorancia puede estancar la
transformación y el avance a nuevas formas de cultura política, organización,
producción, y progreso. Debemos reconocer que nosotros mismos podemos ser
peores que un mal gobierno, puesto que la mayoría de los mexicanos son chantajistas,
ignorantes, conformistas, apatícos, egoístas, intolerantes y sobre todos
desunidos. Tenemos que dejar todo eso de lado y comenzar el cambio no soló votando sino empezando en nosotros
mismos. Solo así lograremos obtener un cambio real en nuestro
país.
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